AndalOcio Córdoba



Exilio y construcción de un estado cordobés en Creta

CCM Arrabal del Sur

mrcls.21.marzo.2018 | 19.00

 

Presentación del libro de Manuel Harazem.

Sinopsis:

Córdoba, siglo IX.
Reinaba al-Haqem I, el más despótico de los emires omeyas. Los habitantes del arrabal de Shaqunda de la capital andalusí (actual Miraflores), agobiados por los abusivos impuestos con que se les oprimía y por el maltrato de las fuerzas del orden, en marzo de 818 d.C., se rebelaron contra el emir en un levantamiento civil que duró tres días y que puso en peligro al Alcázar omeya y hasta al mismo soberano.

Dominada la insurrección por las tropas del emir, aquellos cordobeses hubieron de padecer el implacable castigo con que se reprimió el motín: el incendio de sus casas y negocios, las ejecuciones de familiares, amigos y vecinos —más de 2.000 muertos y hasta 300 muertes en cruz—, la pérdida de todos sus bienes y el destierro de unas 120.000 personas que habitaban el arrabal.

Aquellas familias cordobesas desterradas abandonaron su país, cruzaron el mar y 7.000 de ellas encontraron refugio en la ciudad de Fez (Marruecos). El resto continuó durante años su penoso éxodo por el norte de África, pero lograron sobrevivir unidos, y ahí comienza una gran gesta casi desconocida en España.

Los proscritos del arrabal conquistaron Alejandría; tras su expulsión de Egipto, arrebataron Creta y muchas otras islas de menor tamaño, a Bizancio en el año 827, fundando allí un emirato Cordobes que perduró casi siglo y medio. Fue jurado Abũ Hafs al-Ballutí —un natural de Pedroche— como primer emir de la recién nacida dinastía. Allí pudieron recrear su segunda Córdoba y recobrar sus costumbres; vencieron a Bizancio en decisivas batallas navales, acuñaron su propia moneda, aclimataron a la isla cultivos que no le eran propios, implantaron la cría del gusano de seda y la industria sedera, explotaron sus minas, sacaron a Creta de la recesión en que se hallaba —antes había llegado a perder hasta el uso monetario—, crearon su propia cultura, impulsaron un comercio floreciente yabrieron la isla al mundo.

Fue la lucha y la Odisea de la mayor parte de los habitantes del hoy barrio de Miraflores por su supervivencia. Una gesta inigualable que puso en jaque al invencible imperio bizantino y llevó la cultura, la artesanía y los cultivos cordobeses a las islas helénicas. La reivindicación y el reconocimiento de la gesta y la consecuente mezcla de las sangres y las culturas cordobesas y cretenses deberían llevar al hermanamiento de Cordoba y Creta -ó Cordoba y Heraklion, la actual capital de Creta que fue fundada por los cordobeses en el Siglo IX.”



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