AndalOcio Córdoba



El valle de los espejos perdidos

Bar Limbo

sbd.24.noviembre.2018 | 21.00

 

De Mónica López del Consuelo. El artista cordobés Emilio Díaz Estepa es el creador de las ilustraciones que componen el libro.

Como en un laboratorio de alquimia y letras, Mónica López del Consuelo ha dedicado toda su vida a la creación de cuentos y relatos cortos. Ahora, con su segundo libro entre las manos, El valle de los espejos perdidos, defiende este género diciendo que “un cuento es como el aguardiente: se destila gota a gota, pero un sorbo hará surgir fuego dentro de ti. Todos sabemos que la novela es la gran protagonista del mercado editorial, pero yo soy cuentista”. El libro es uno de los dos proyectos de literatura financiados a nivel nacional por las Ayudas para la Creación Joven Injuve 2017/2018. Inspirado en el símbolo del espejo, el lector encontrará ficción impregnada de realismo mágico, fantasía, folclore, surrealismo, neo- noir y erotismo.

Cada relato ha sido ilustrado por el artista cordobés Emilio Díaz Estepa, que muestra en este libro su mejor faceta de dibujante: ilustraciones en blanco y negro con puntillismo que condensan en una sola imagen la imagen y las sensaciones del cuento, provocando en el lector impresiones tanto inquietantes como emotivas.

Bienvenido al imaginario pueblo de Valdespejo, «valle del espejo». En este viaje no sirven los mapas ni las brújulas. Los relojes no marcan el tiempo. Los límites no están claros. Tampoco las fronteras entre el lector y la obra, ni entre la ficción y la realidad. Este libro representa el placer de perderse en lo imaginario. A través de las voces anónimas de un grupo de amigos que una tarde de lluvia relatan historias imposibles, surgen estos relatos cortos como un ciclo de cuentos integrados. La autora baila entre géneros y estilos, creando una danza de letras bajo la luz de mil espejos. En el escenario confluyen realismo mágico, mito, folclore, surrealismo, neo-noir y erotismo.

¿Quieres saber un secreto? Como en una tela de araña, la palabra «espejo» aparece en cada relato, como pequeñas llaves en un juego narrativo. La autora no se hace responsable de las consecuencias si tú, futuro lector, decides jugar con ella.



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