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Un día de furia

Andalucía

1.3.19 | 20:57h.

 

La obra, creada por Joel Schumacher, se ha convertido en un clásico de culto.

Un día de furia es una obra estrenada en el año 1993 que muestra la realidad social de la época. La obra, creada por Joel Schumacher, se ha convertido en un clásico de culto que goza de buena salud a pesar del paso de los años. Una nueva crítica de cine, dentro de nuestra sección de clásicos.

La sinopsis es la siguiente: William Foster (Michael Douglas), es un trabajador que desempeña su vida diaria en una empresa relativa al sector de la Defensa. En el film vemos como una serie de acontecimientos basados en el día a día de la ciudad acaban provocándole un desequilibrio nervioso. El hecho desencadenante lo encontramos cuando el protagonista accede a un supermercado con la finalidad de conseguir cambio. El dependiente se niega, y ante la insistencia de Will decide sacar un bate de béisbol. El precio abusivo y la actitud del trabajador suponen un punto de inflexión. Con el avance del argumento vemos cómo esta escalada violenta aumenta de manera progresiva, utilizando cada vez objetos más y más contundentes que justifican el título de la obra: Un día de furia. El segundo protagonista de la obra lo encarna Robert Duvall, dando vida a Prendergast, un agente del orden a punto de retirarse que decide investigar el caso. El hecho de afrontar el suceso le genera críticas de sus compañeros de profesión, ya que nadie quiere afrontarlo por sus características inherentes.

Michael Douglas ha protagonizado un gran número de películas y se ha movido como pez en el agua en todos los géneros existentes. Desde la popular Wall Street hasta la hilarante Last Vegas, conocida como Plan en Las Vegas en España. La película trata del estilo de vida inherente de la ciudad americana, con una gran presencia de elementos del mundo del casino, muy presente en el universo online y 2.0 en la actualidad. Los tiempos cambian, y el cine, también.

 

 

Si entramos a analizar la obra a nivel iconográfico, el protagonista sufre un desequilibrio que no le deja presenciar la realidad tal y como es, creando en él un sentimiento de ira y de frustración. Esta visión del mundo distorsionada es representada por el autor con una imagen de mucha fuerza iconográfica, al final del film, cuando nos encontramos en el desenlace del mismo, el protagonista tiene las gafas rotas, un elemento que puede ser interpretado como esta profunda distorsión de la realidad que sufre.

 

William, ante los sucesos que tienen lugar reacciona de manera violenta pero nunca pierde la compostura, ni el control. Su rostro permanece inalterado. Sus acciones son constantemente medidas, hace lo que quiere hacer porque cree que dentro de este mundo injusto debe tomarse la justicia por su mano, aunque la furia en su acepción más conocida brilla por su ausencia.

La película, al representarse en un entorno conocido, como es una gran ciudad, ayuda a entender mucho mejor las ideas y los ideales que quiere transmitir el director, se representan situaciones cotidianas y normales en la vida de un ciudadano que pueden llevar a desencadenar situaciones de frustración personal.

Otro elemento destacado es el sentimiento de la soledad, el protagonista se encuentra constantemente perdido en la vorágine característica de una gran ciudad como es Los Ángeles, a pesar de estar rodeado de personas de forma ininterrumpida, vemos cómo se encuentra totalmente solo. Se trata de una gran ironía, por mucho que la ciudad sea superpoblada, si tú no luchas por sobrevivir nadie lo hará por ti.

Hay que destacar también la lucha implícita que se explicita en la obra, un conflicto muy antiguo y pretérito, presente dentro de todas las personas de una manera u otra. Se trata del eterno enfrentamiento entre la racionalidad y la impulsividad, lo que es apolíneo y lo dionisíaco; la razón y el sentimiento. William rompe con la racionalidad establecida dentro de su entorno social y actúa con impulsividad y sentimentalismo, sin pensar en las consecuencias de sus actos. Guiándose por el corazón y no por la mente. Creyendo profundamente que lo que realiza está bien hecho, ya que su espíritu así se lo requiere.

Estamos ante una obra excelente, un planteamiento bien expuesto que anima a la reflexión y nos ayuda a empatizar con su personaje, entendiendo muchas de sus acciones y, aunque a priori parecen desmesuradas, están justificadas por acciones externas. Tanto por motivaciones de terceros como por la ansiedad que sufre el protagonista.

Tras la visualización del largometraje seguro que muchas personas se verán reflejadas ante algunas de las cuestiones más banales y cotidianas que surgen en nuestra vida diaria, transportadas de forma fidedigna en la obra. Después de más de dos décadas, muchos aspectos que se nos exponen siguen siendo igual de vigentes. Se trata de una representación fidedigna de un contexto histórico determinado, concretamente, la década de 1990.

 

Schumacher mantiene un ritmo impecable, sin altibajos, que sostiene el interés sin decaer ni un segundo y provocando, finalmente, la satisfacción del espectador. Consiguiendo con ello que "Un día de Furia" sea convierta en una película memorable.

 

Grandes actuaciones, un guion atrayente, intrigante y bien elaborado. Cabe destacar también la banda sonora, creada por el músico James Newton Howard. Éste firma unas buenas partituras, focalizándose sobre todo en las escenas de acción que se representan en el filme, aportando versatilidad y ritmo a las acciones que se exponen. En definitiva, una obra atemporal que goza de plena vigencia. Muy recomendable.

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