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Si vas a llorar mis desgracias yo te regalo mis ojos

Palma del Río
Francisco Manuel Sánchez (Chico)

3.7.19 | 11:30h.

 

Primera jornada de La Feria de Artes Escénicas de Palma 2019.

Donde fuiste feliz no deberías tratar de volver, reza una de las canciones más conocidas de Sabina. No le he hecho mucho caso, pues aquí estoy. Hay una vinculación honda con Palma de Río y su Feria de Artes Escénicas, un recuerdo dulce, una sensación de pertenencia. Hace 11 años de mi primera vez, y el ímpetu juvenil ha dado paso al devenir lento y seguro de la mediana edad. Pero el teatro nos arranca de nosotros mismos, nos hacen dichosos los regresos a los estadios pretéritos de la felicidad. Sé que para disfrutar la edición debo evitar cruzarme con mi yo de 2008 por los laberínticos pasillos de la hospedería de de San Francisco. Difícil lo veo, pero contradeciré a Sabina, lo intentaré.

Tras la inauguración trufada de parabienes, la Feria da comienzo con un espectáculo excepcional: Nocturno de Leonor Leal. Una genialidad inclasificable mezcla de flamenco, audiovisual y jazz, donde tres portentosos artistas despliegan todo su talento. La bailarina y coreógrafa Leonor Leal ordena el aire con una precisión cartesiana. Mientras el percusionista Antonio Moreno consigue arrancar el ritmo de cualquier objeto imaginable que deja a los geniales Mayumaná en unos esforzados meritorios. Hay lugar para la poesía; ese guitarrista de espaldas al público, el virtuosismo, incluso un recurso al azar casi dadaísta: esos objetos arrojados al suelo. Un cierre sobresaliente que apela al humor te deja con la sensación de haber experimentado algo muy especial. Si se lo pierden cometen un error.

Después refrigerio en casa Damián con mi amigo Juan Antonio Díaz, nos dirigimos al teatro Coliseo a presenciar El rey Lear de la compañía Atalaya. Todo está medido en esta producción: vestuario, escenografía, espacio sonoro son de un nivel técnico excepcional. Pero me deja frío, Shakespeare se pierde en el enésimo cambio escenográfico. No hay una modulación de lo narrativo ni de lo emocional. Todo está "arriba".  Aún recuerdo aquella frase, de otra adaptación de El rey Lear que protagonizaba José María Pou hace casi dos décadas: si vas a llorar mis desgracias yo te regalo mis ojos. Aquí esa frase, otrora agitación de almas, se pierde sin que nada me agite lo más mínimo. Quizás sí hubiera conmovido a mi yo de hace una década, cosas de la madurez, supongo. Seguiré regalándoos mis ojos.



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